domingo, 22 de abril de 2012

1.Aquél verano del 2004


Todos estamos deseando a que llegue el verano, terminar las clases, salir con los amigos, disfrutar del tiempo, de la playa, del mar. Siempre pensamos miles de planes que hacer en esa época, y también acabamos haciendo solo la mitad de lo que teníamos previsto. Recuerdo también la ilusión que nos hace que nuestros padres nos dejen quedarnos en la calle por la noche; horas que aprovechamos hasta el último minuto, sea jugando al fútbol, en la playa o simplemente charlando con los amigos.
Recuerdo las fiestas del pueblo, esas noches que nos quedamos hasta la madrugada, bailando al son de la romería, disfrutando del alcohol e intentando ligar con alguna muchacha. Siempre hay alguna chica que te gusta a simple vista, que te atrae, pero, este verano de 2004 he descubierto que he encontrado el verdadero significado del amor.
Aquella noche en la que ví a Lucía, aquella muchacha de pelo color miel, ojos del color del mar y sonrisa dulce, me dí cuenta de que algo que estaba hibernando dentro de mí quería salir afuera, mostrarse al mundo, es más, quería hacerme sentir algo nuevo, nunca antes sentido. La conocía de haberla visto por Málaga, de vista, pero nunca había coincidido con ella. Por el pueblo se decía que no era una chica muy entretenida, que digamos, que era más bien una chica marginal y reservada, que casi nunca salía de casa a pesar de tener algunas amigas. Lo cierto es que, aunque dijeran aquello, yo seguía sintiendo aquello dentro, y necesitaba saber cómo era en realidad aquella chica.
El 2 de julio había quedado con unos amigos en la plaza del pueblo, con los que decidimos ir a un bar cercano para comprar bebidas y salir de fiesta.
Los planes salieron tal y como estaban previstos: para las diez de la noche ya teníamos las bebidas y estábamos todos juntos, dispuestos a disfrutar de aquella noche. Lo que yo no sabía era con quién me iba a encontrar esa noche de verano…
Bailamos, cantamos, bebimos, todos juntos mientras diferentes canciones sonaban en el escenario de la plaza. A la una de la madrugada varios componentes de nuestro grupito de amigos ya se fueron a casa, por lo que solo quedamos tres. Yo ya me estaba empezando a agobiar, fuera por la gente que había o fuera por el alcohol. Es verdad que me gusta beber a veces, pero también hay que decir que no me sienta del todo bien. Por el agobio que sentía decidí apartarme del grupo e irme hacia la Malagueta, la playa que en ese momento estaba totalmente desierta. Ví que había una chica sentada en una roca que compone el espigón que está donde pegan las olas que rompen. Me fijé bien, intentando enfocar pese a la oscuridad, y descubrí que era Lucía. Estaba rodeada por la nada, solo por unas farolas que iluminaban escasamente, un par de palmeras de grandes hojas y una enorme y preciosa Luna.
Decidí acercarme a ella, porque, tal vez aquella fuera la única oportunidad que tuviera de hablar con ella y decidir yo, personalmene, si era verdad lo que la gente decía sobre la muchacha que me había cautivado con su belleza.
-Hola. Sé que no nos conocemos personalmente pero… Te he visto un par de veces por aquí y tenía ganas de conocerte mejor. Me llamo Pablo.
-Hola, yo me llamo Lucía-me dijo ella, secándose las lágrimas y haciéndome parecer que no pasaba nada-. Encantada. Sí, te he visto algunas veces.
-Oye, ¿te pasa algo? Sé que no nos conocemos pero… tal vez necesites desahogarte…
-No, no me pasa nada, tranquilo, un mal día. Bueno y dime, ¿tenías algo que preguntarme? Digo yo que por algo te habrás acercado…
Tenía que decírselo, por lo que me armé de valor e intenté ser valiente.
-Pues… verás… Hace bastante tiempo que oigo hablar de ti y el otro día te ví y me llamaste muchísimo la atención desde el primer momento y… Pensé que tal vez nos podemos conocer un poco más…
-¡Claro! Yo encantada…
Dijeran lo que dijeran, yo ví algo especial en aquella chica. Desprendía una magia que nunca antes creía haber visto en alguien…
Estuvimos hablando horas y horas, descubrí que había tenido una dura vida, y ella supo todo lo que me rodeaba y todo lo que había vivido yo. Ví en ella una positividad enorme: era alguien que, aunque lo hubiera pasado mal y lo estuviera pasando mal en ese momento, seguía adelante con mucha fuerza.
Sí, en aquél momento podía afirmar que… Me había enamorado. En unas horas la conocía mejor que a mucha gente en muchos años de amistad. Y sabía que no podía dejarla escapar.
Aquella noche del 2 de julio del 2004, con su pelo color miel al viento, el sonido de las olas alrededor y el ruido de los grillos con la música de la romería de fondo, posé mis labios sobre los suyos. El dulce aroma de la piña de aquellas piñas coladas que nos bebíamos endulzaron mi boca, pidiéndome más y más besos.
Cesaron los besos y nos embarcamos en unas increíbles miradas.
En aquellas miradas no hacían falta las palabras. ¿Para qué? Demostrábamos nuestro amor a través de ellas.

martes, 17 de abril de 2012

0.Introducción


Buenas, mi nombre es Pablo, Pablo Moreno, pero tal vez sea más conocido por el nombre artístico de Pablo Alborán. Sé que tal vez algunos de vosotros me conoceréis y por eso habréis comenzado a leer esto…
En este blog os voy a contar la historia que viví, pero, para situaros un poco, voy a empezar unos años atrás, para que conozcáis un poco cómo soy.
         Como veréis a lo largo de esta historia que duró años, soy un chaval normal, que, a pesar del éxito y la fama, intenta vivir la vida como cualquier otra persona, a pesar de que a veces es difícil hacerlo así…
         Me considero romático y pasional, muy pasional. No me he enamorado muchas veces pero, cuando lo he hecho, lo he dado todo y me he enamorado hasta más no poder.
         Sé que tal vez la siguiente historia os parezca dura, pero es algo que me marcó y que tengo que contar ahora, al tener la oportunidad de hacerlo, para que todo la sepáis…
         Lo único que espero es que os déis cuenta de que a veces, solo hace falta una persona para que tus días grises cojan color, y tu vida sea de color rosa…